jueves, 29 de octubre de 2009

Master de Filosofía contemporánea: analíticos vs. dialécticos




Después de las tensas sesiones en el submódulo de filosofía de la acción y de la tremenda última sesión en la que me tocaba exponer el paper de rigor, tengo que escribir unas palabras sobre el sempiterno enfrentamiento entre analíticos y dialécticos. En este caso sólo fue un intercambio tenso, una disputa encubierta, entre una profesora de formación analítica y varios alumnos que tienen grandes reparos ante una metodología y una manera de hacer filosofía anglosajonas, pero se trata de una en particular que resulta sociológica y filosóficamente muy interesante.

Quizá ya no esté tan de moda la postura del tipo profesor de filosofía analítico que ante un libro de Hegel o de Heidegger exclame con intención de herir al no-analítico "eso no es filosofía" como tampoco tal vez sea ya tan común el ataque a matar del partidario dialéctico que acusa al analítico de estar fuera del mundo, desconectado de la realidad social y de practicar una filosofía puramente académica o de salón, en definitiva, de contribuir a una escolástica que fuera de los muros de las facultades de filosofía, no interesa a nadie porque nada tiene que decir. Ahora bien, lo que está claro es que las tensiones entre analíticos y dialécticos están muy vivas y en un nivel tan básico como pueda ser el de un seminario de máster se dejan sentir con vigor. Mi pregunta en este caso es: ¿ha cambiado el antiguo dictum condenatorio de "eso no es filosofía" al de "si prefiere practicar filosofía de café con leche, allá Vd."? ¿el dogmatismo inicial de la filosofía analítica articulado entorno a las figuras fundadoras como Frege, Russell, Carnap o restyo de miembros del círculo de Viena ha tornado en una adoración dogmática al aura que despiden revistas tan inminentes como el Journal of Philosophy? Si esto no es así, no entiendo porque una profesora de filosofía de corte anglosajón, de formación analítica, interesada en cuestiones de filosofía de la mente y de la acción, siente la necesidad de sugerir ante sus alumnos que quien no se somete a la doctrina analítica gusta de "filosofía de café y con leche" o de dar entender que es despreciar a una autora que ha publicado en el Journal of Philosophy el criticar de tú a tú, con la propia capacidad argumentiativa, varios pasajes del artículo en cuestión.
Puede que lo algunos hagamos sea "filosofía de café con leche" pero habría que recordar a ciertos profesores de filosofía que no está nada bien dar tales muestras de autoritarismo, de sectarismo académico y -lo peor de todo- de dogmatismo intelectual. Yo, buen continental, sano ilustrado, europeo convencido, tengo que decir aquí y ahora que estoy con Steiner y su tesis de que la idea de Europa (como tantas otras ideas, teorías, movimientos intelectuales, etc) no pueden comprenderse sin su origen en los cafés de París, Londres, Dublín, Barcelona, Madrid, Berlín...La historia cultural de Europa pasa de una manera decisiva por sus cafés. Personalmente, los cafés me gustan bien fuertes, con mucho café, bastante azúcar y poca leche, y a ser posible, de la mejor calidad. Joder, un buen café es que en ocasiones no tiene precio. Es uno de los mayores pequeños placeres de la vida. Un café señor, en un café antiguo, con historia, y un buen libro de filosofía en la mano, a ser posible viejo y bien grueso, mientras persiste una discusión con un puñado bien escogido de colegas... ¿Quién coño va a preferir un té con leche?