Coldplay inunda estadios donde quiera que actúe ya sea en New Jersey ya sea en Barcelona (65.000). En Londres a buen seguro llenarán Wembley hasta alcanzar los 90.000. Reconozco que "Parachutes" y "A rush of blood to the head" son dos de mis discos favoritos de la década presente y que deberían figurar entre los mejores de estos años pero cada vez estoy más de acuerdo con aquel comentario que le leí una vez a un snob de la Rockdeluxe: baño de masas, bunerollismo, flipamiento, buenos sentimientos, consumo satisfecho y cada uno a su casa. Mi pregunta es: ¿cómo se puede sacar un disco con el nombre "Viva la Vida!" y que celebre de modo tan burdo la vida? O, la cuestión decisiva: ¿Cómo demonios se puede coger la iconografía de la Revolución francesa de Delacroix mezclarla con los trajes de soldado imperio napoleónico e ir largando por ahí mensajes de paz, amor y felicidad? Despide tal tufo a técnica publicitaria, a merchandising, a logística pura y dura (lo que popularmente conocemos como "venderse") que dan ganas de quemar sus dos primeros discos, estas dos grandes joyas. Lo hiriente es que uno se pregunta y no sabe qué responder a si los propios integrantes de la banda se creen su rollo o ya se toman su música como su trabajo, su vida como parte del negocio, su arte como mercancía lista y dispuesta para el mercado. De la tristeza, la belleza, la angustia genuinas del principio
a dónde hemos ido a parar...
a dónde hemos ido a parar...

No hay comentarios:
Publicar un comentario