
Tan feliz soy que he olvidado la última vez que leí el periódico o presté atención a las noticias. Ahora me irritan los problemas de los demás, que las cosas no funcionen, que alguien sufra y no sepa solucionarlo. Antes estaba profundamente insatisfecho y pensaba en todos formando parte de mí y me volcaba sobre ellos. ¿Cómo ser en el futuro?¿qué podré saber?¿qué haré?¿Cómo actuaré?
Nietzsche barruntó el problema: la moral hunde sus raíces en el dolor. Por ello, en un mundo de dolor permanente, imperecedero, asentado sobre bienes evanescentes, la postura no puede ser sino moral: la acción contra el mal, buscando lo bueno.

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