
A MODO DE INVITACIÓN A SU LECTURA
El que no es maligno no vive esclarecido, sino que de manera particular y pudorosa vive endurecido e impaciente. Por falta de objetos apropiados no consigue dar a su amor otra expresión sino a través de su odio contra los objetos inapropiados, por lo cual resulta asimilándose otra vez a lo ya detestado. Pero el burgués es tolerante. Su amor por las gentes tales como son surge del odio hacia los hombres justos.
T. W. Adorno , Minima moralia
El triunfo de la propuesta filosófica de Adorno radica en el innegable hecho de que, frente a la dominación absoluta del mundo administrado, la experiencia intelectual y artística sea el último baluarte del individuo en cuanto interioridad no enajenada, pero también el origen de una posible redención social. Según el convencimiento de Adorno de que la necesidad de hacerse eco del sufrimiento sea una condición de toda verdad, no habría mayor verdad que sus propios escritos pues la articulación del sufrimiento nunca alcanzó formulación más alta.
El estado del mundo en que nos hallamos imposibilita en su propia perversión una acción que no sea ambivalente, pero trastocar la dialéctica del pensamiento común es cuestionar la dinámica de la realidad y sólo una subjetividad concienciada abre el camino hacia una mediación auténtica con una objetividad menos inhumana. Debido a un malabarismo en la dialéctica que mueve el mundo, cabe esperanza en la medida en que el individuo, que es preso de las contradicciones reales que la obra denuncia, al captarlas mediante su pensamiento toma control y perspectiva sobre ellas. Quien recorre los aforismos no puede ser el mismo que al inicio. Minima moralia rompe el fetichismo de las relaciones según el cual nada ni nadie tienen importancia en sí más que según sus posibilidades de ser intercambiado por otra cosa o en ocupar una de las funciones adscritas por el aparato social. En su perfecta inutilidad para la acción real y en su insustituibilidad como objeto de experiencia entre los productos de la industria cultural, la obra revela su perfección: conserva el efecto de la concienciación a través de la época de las alineaciones. Endurecidos e impacientes hallan puntos de apoyo para sus movimientos en la red conceptual que Adorno tiende. Pero todo ello no es sino reiterar lo que dejó escrito quien pareció haber advertido el porvenir de todas las cosas que oscuramente nos acechan, incluida su propia obra. El filósofo de la lucidez sobre sí mismo cifró toda interpretación de su contribución intelectual:
“Lo consolador de las grandes obras de arte está menos en lo que dicen que en el hecho de que consiguieran arrancarse de la existencia. La esperanza está, primordialmente, en los que no hallan consuelo”.
“Lo consolador de las grandes obras de arte está menos en lo que dicen que en el hecho de que consiguieran arrancarse de la existencia. La esperanza está, primordialmente, en los que no hallan consuelo”.

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